
El otro día pensaba en el guiño que iba a ponerte. De todo lo que hemos pasado en la vida no sabía muy bien qué elegir y me sorprendí recordando a una niña pequeña que corría nerviosa en círculos a mi alrededor.
- ¡Que tengo miedo, no te rías!
- Pero si no va a hacerte nada, es mi amigo y es bueno... -te contestaba yo entre sonrisas.
Siempre tuviste miedo a los perros, y ese es uno de los recuerdos que tengo contigo. Ya sé que hay muchos, seguramente más de uno saldrá en alguno de los relatos o divagaciones que ponga en éste mi reducto... Hoy voy a exponer algo que muchos ya han leído en otros lugares, pero que tú aún no conoces y puede que ni recuerdes: la memoria no abarca las mismas escenas o de igual manera para todos.
Espero que, al menos, lo disfrutes. Un abrazo de los pegajosos.
En ese momento en el que nuestra mente se niega a abandonar del todo el sueño arañando unos minutos a la consciencia, en el que nuestro cuerpo, perezoso, permanece aún sumido en esa especie de letargo, los dulces recuerdos me acompañan...
Una ladera de un verde intenso salpicada por los aterciopelados puntos blancos y amarillos de las flores que, alegres, la acompañan; rodeada de manzanos en flor, como un jardín de promesas prontas a entregarse, aún salvaje, sin haber sido horadada por la mano del hombre. Olor a tierra húmeda, al romero cercano que circunda las pequeñas rocas solitarias y extrañas en su entorno, y ese cielo de un tímido azul...El trinar de los pájaros completan la escena, aportando su estridente melodía a veces, y saltarina otras. Y en medio de todo ello está esa niña que fui.
A mis pies un pueblo que siento lejano, que se me antoja gris en comparación del estallido de colores que me rodea. Una casa, unas ventanas que me son familiares, que encierran otros momentos, otras vivencias... Pero ahora no estoy dispuesta a pensar en ello, no allí, donde me siento libre para fantasear, para sentir que soy parte de esa magia, como si yo fuera esa pequeña hormiga que arrastra esa semilla, o el pájaro que surca el aire, ese ...sí, ese que se aleja volando alto, sin duda buscando su nido en algún punto en lo alto de la montaña.
Una respiración agitada a mi lado me recuerda que no estoy sola, y desvío la mirada hacia ella. Sonrío, ¡qué maravilloso es comprobar que las palabras no son necesarias, a veces, y que esos ojos casi amarillos me miran expectantes!. Sentir que entiendes tanto como te entienden, que alguien te otorga ese cariño incondicional, esa casi adoración, que la ternura fluye a través de cada poro de tu cuerpo y tus ojos parecen arder al mirar ese ser.
- Dime Lau, ¿tienen alma los perros?
Como contestación, un suave ladrido, un empujón con su tierno hocico y un lametón que me hace reaccionar. Y me abandono a una carrera loca, a un dejarme rodar a su lado en una caída vertiginosa, un tanto peligrosa, a unas risas alegres que acompañan sus ladridos, a un sentir que todo se reduce a nosotros: Lau, mi imaginación y la naturaleza; hermoso conjunto, ellos son parte de mi y yo les pertenezco. Imagino que él volverá algún día a mí, su alma lo hará, envuelta en otro cuerpo. Será entonces una persona, a la que podré agarrar de la mano, con la que podré hablar, o no, ¡qué más da eso! Sólo tendré que mirarle a los ojos para reconocerle, sin palabras sabré que es él, mi compañero, mi alma amada...
Por entonces, allí abajo, en mi casa, había descubierto el desván. Subía a hurtadillas, cuando mi madre estaba entretenida, casi siempre, con alguna vecina que la acompañaba en sus tardes de costura. Cuando abría la puerta, la pequeña ventana ubicada en lo alto del techo inclinado, me devolvía una luz tenue que inflamaba mi imaginación. Las partículas de polvo flotaban en el ambiente construyendo caminos iluminados por donde penetraban mis fantasías.
Allí, rodeada de un pasado que no me pertenecía, aplacaba mi curiosidad incansable. Viejas cajas guardaban secretos que deseaba descubrir, eran muchas y yo no tenía prisa, saboreaba poco a poco cada uno de sus contenidos: libros, cartas, fotos amarilleadas por el paso del tiempo, con manchas de humedad que despedían un olor que yo adoraba.
- Es el olor del tiempo, Lau -relataba a mi incondicional amigo de entonces.
Descubrí, casi oculto por un pequeño armario, un espejo milagrosamente intacto, con un marco de madera algo carcomida. Un baúl situado cerca de la puerta, guardaba todo tipo de ropa usada que yo me ponía como disfraz de mis múltiples aventuras. Uno de mis favoritos era un vestido que debió ser azul y que el paso del tiempo había ajado dejando a penas el suave resto de su color. Siempre lo acompañaba con un chal blanquecino que colocaba sobre mi cabeza, rodeando mi carita ovalada. Esos viejos trapos eran para mi las mejores galas y con ellas me ensimismaba, dejándome arrastrar a un mundo de irrealidad que me mantenía enganchada durante horas. Me miraba al espejo que, cómplice de mis ensoñaciones, me devolvía la imagen que en cada instante deseaba ver. ¡Qué momentos tan dulces! ¡qué hermosa se veía la vida a través del viejo espejo!
Invariablemente hablaba con mi perro, que para esas ocasiones, adoptaba un cuerpo humano. Él era mi compañero de aventuras, el héroe al que yo admiraba, el que luchaba a mi lado, el que me ayudaba a entregar víveres a personas desamparadas, el que cruzaba conmigo ríos de lava, o esos otros de corrientes intensas, siempre en peligro y siempre vencedores.
Y al volver a la realidad, me encontraba con mi reflejo en el espejo. Algo desubicada aún, me acercaba a él y miraba fijamente esos enormes ojos que me miraban.
- ¿De qué color tengo los ojos? ¿por qué cambian?
Era una pregunta que nadie me contestaba y que yo, creyéndome sabedora del misterio, me respondía diciendo que poseía unos ojos cambiantes porque no eran otra cosa que un agujero por el que surgía, en cada momento, el color de mis sueños.
Mucho tiempo ha pasado de todo aquello... Visité mucho ese desván, a veces sola, otras en compañía. Ahora otras viejas cosas ocupan el lugar de aquellas, y un espejo que no es el mismo está presente, pero aún sigo mirando mis ojos, aún descubro el cambio, todavía me pregunto algo que nadie me ha contestado
- ¿De qué color son mis ojos?
Elu

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