Entre el vivir y el sobrevivir

viernes, 14 de mayo de 2010

El alfil verde





Aparcó el puñetero coche como pudo en una esquina a tres calles de su portal. Aún sentía el picor en la nariz por aquella colonia masculina cara y seguramente comprada, con mal gusto, para la ocasión. Se alisó la falda, las medias y lo demás que el intento del salido de turno había logrado descolocar.

- Siempre igual -se dijo-. Al final lo intentan aunque parezca que no vayan a hacerlo. Todos lo mismo... Pero nada de nada, ha sido la primera cita. Besitos, algún toqueteo consentido, sin más, que luego entre ellos se lo cuentan todo y una podría coger la fama, y no se trata de eso.


Al entrar en casa se dio cuenta que amanecía. La puerta entreabierta de la habitación de su hijo le recordó que al mediodía tenía que recogerlo en casa de sus primos. La cocina estaba llena de cacharros sucios y con la basura de dos días. Se calentó agua en el microondas y se preparó un café instantáneo. Pensó en darse una ducha pero le dio pereza. "Lo haré luego, cuando me despierte".

Se dejó caer en el sofá, súbitamente cansada. Encendió el televisor y comprobó que ya habían empezado a emitir noticias: un par de asesinatos, accidentes, guerras, políticos y los deportes.

- Lo de siempre- suspiró exhalando humo.

Se dirigió a su habitación bostezando mientras se desprendía de pendientes, pulseras y otros complementos... La cama sin hacer, el espejo grande y el ordenador eran el panorama habitual de cada noche.

Encendió la pantalla del ordenador y vio, como esperaba, que él estaba conectado. El alfil verde perpetuo, sin duda la esperaba.

Recordó que al mediodía, antes de volver al trabajo, había estado media hora hablando con él por el messenger. Ya se lo tomaba como algo inevitable pero necesario para su conservación y supervivencia, como maquillarse, ir a baño o quitar el polvo de vez en cuando.

- Alguna vez lo puedo necesitar de nuevo -afirmó mirando su reflejo en el espejo.

Era esa, precisamente, la clave de muchas cosas.

Al levantarse ese largo viernes, había leído dos correos nocturnos que él le envió: uno plagado de lamentos habituales sobre su vida y otro algo más alegre. No los borró, pero tampoco los acabó de leer...como casi todos los días hacía con su profusa correspondencia.

Luego conversó con él distraidamente. El ponía largas reflexiones y la halagaba, le hablaba de sí mismo, de ella y de su futuro juntos. Las veces que miraba la pantalla, de reojo al tiempo que hablaba por el móvil, le contestaba con las apostillas de siempre...

- Sí, cariño....a mi también me sucede exactamente lo mismo contigo…

- No, yo tampoco lo puedo evitar, pero dame algo más de tiempo...

Antes de irse a trabajar se puso “sin conexión” y apagó la pantalla para no tener que volver a conectarse más tarde, de ese modo podría comprobar que él había estado hora a hora esperándola. Apretó los labios, abrió mucho los ojos con la satisfacción del trámite momentáneo cumplido, exhaló profundamente y salió hacia el despacho.

En la oficina estaba Juan Manuel, el nuevo fichaje que le tiraba los tejos. Seguramente las otras dos arpías le habrían hablado mal de ella, como había ocurrido en otras ocasiones, pero sabía que todas sus sospechas era capaz de borrarlas sólo con mirarlo y ponerle su carita de niña buena. "¡Qué inocentes son los hombres! O no ven lo evidente o las hormonas les nublan la mente". Era tan fácil sacar todo lo que se podía necesitar de ellos y luego fulminarlos con aquello de: “Yo no te di pie a nada…” “En algún momento creí sentir algo por ti por culpa de tu insistencia...” “Quedaremos como buenos amigos...”

Aquella noche la había invitado a cenar y luego al Tango. Aquel tipo tenía influencias en la central de Madrid porque venía recomendado. Sería cuestión, como otras veces, de sacarle algún secreto poco divulgado de su vida, de darle un poco de cancha, de mentirle con aquella mirada de admiración que tan bien interpretaba, para luego (quizá con alguna escapada de fin de semana incluida en el programa, a las montañas o a la costa, según la estación) tirar del anzuelo y obtener los frutos deseados.

Después del baile insinuante empezaron sus confesiones. Aquel era dócil. Luego los besitos y el aliento cercano, conjugando el alcohol con la clorofila urgente. Le acompañó hasta su casa. Nada nuevo, todo lo esperado.

Ese había sido su día.

Volvió a fijar la vista en el espejo y, ya sin maquillaje, se notó algo demacrada. Se preguntó cuánto tiempo podría mantener aquel ritmo sin tener que elegir alguno de ellos para siempre, o al menos para una época larga. Estaba cansada de tener que trabajar y pensaba en sus amigas, que ya no lo hacían, y las envidiaba. No había acabado de dar aún con el perfil adecuado y completo del candidato. Además, como último recurso, siempre le quedaba el del otro lado de la pantalla. La miró y sonrió al comprobar que el alfil verde seguía ahí.

Seguramente había permanecido ahí las quince horas que ella había estado fuera, una a una… Quizá se había ausentado nerviosamente alguna vez para comer o para otra cosa, pero no había ido muy lejos. Otra sonrisa, esta vez apoyando las manos en la mesa frente al teclado, y acariciando el ratón.

Tenía sueño. “Le concederé el tiempo de dos cigarrillos –decidió”. Movió el cursor y con un clic convirtió su muñequito rojo en verde y, humedeciéndose los labios, empezó a teclear:

– Qué sorpresa, cariño, no me podía dormir y vine a mirar si, por casualidad, estabas...

Al ver aparecer en la pantalla el emoticono de un beso no pudo reprimir una sonora carcajada...

Elu

jueves, 13 de mayo de 2010

Su elección


"Hay veces que una comienza a escribir sin saber muy bien qué hará al final. Muchas veces te he escrito y otras tantas he tirado la carta al contenedor de reciclaje. Nunca quise enviarte nada por correo electrónico, me gusta recibir misivas "a la antigua", que huelan a papel que pueda llevar hasta mi nariz y sentir (o recordar) el olor de las personas que me las envían. Pero había un problema con las tuyas: tu dirección. Hace unos días, cuando la idea cuajó en mi mente y la decisión fue irrevocable, encontré tus señas. Así que hoy escribo de puño y letra lo que será mi despedida.

Han pasado meses desde que no sé de ti, desde que me dejaste con el corazón rebosante de amor y las manos vacías sin las tuyas. En todo este tiempo he intentado odiarte sin lograrlo. "Eres demasiado buena -me decías" y puede que sea verdad, lo que está claro es que tú nunca podrás serlo. Eres demasiado egoísta, tanto como para no ver más allá de lo que te afecte. Me enamoraste como un reto, me prometiste para embaucarme y me mentiste para abandonarme.

En el amor y en la guerra todo vale, y a ti te ha dado igual lo que me pase.

Ahora estás con ella, "el amor de tu vida" según me han dicho. Debes tener unos cuantos, cada uno en el momento que le interesa a tu mente o... a tu polla. De tu corazón mejor no hablo, que hacerlo de fantasmas y quimeras no es algo que me pueda permitir en estos momentos.

Esta mañana he ido al Notario, he hecho testamento, y para que veas que no soy tan buena te diré a quién le he dejado todo lo que poseo.

No creas que no pensé en dejártelo todo, dada tu situación actual, hubiera sido un gesto maravilloso por mi parte... pero ¿qué quieres? no soy tan "santa" como creías y sólo de pensar que ibas a utilizar mi dinero para agasajar a otra me repateaba. Así que se lo he dejado todo a alguien que lo necesita, ya imaginarás a quién, sabes todo de mí... yo nunca te mentí.

Cuando termine esta carta y la envíe por correo, voy a terminar con mi vida. Enterraré mi reloj en la arena de tu olvido y dejaré de sufrir.

En este punto te dirás que soy muy mala por escribirte para decirte que me suicido por tu culpa. Pero voy a decirte por qué lo hago, no quiero que te enteres por terceros y pienses que es por eso.

Hace unos días me dieron los resultados de la prueba, de esa que será, seguramente, la última noticia que tenías de mí. Pues bien, para terminar de rematar una vida tan patética como la mía, resulta que tengo un cáncer sin solución. Lo único que me queda es un tratamiento paliativo, así que como dueña de mi vida he decidido que no quiero ser testigo de mi deterioro.

Por eso, y no por otra cosa, cuando recibas esta carta ya no existiré.

Intento marcharme con algún recuerdo hermoso, pero cuando me acuerdo de alguno bonito (siempre a tu lado) llega también la certeza de tu cobarde mentira. Pero tampoco pasa nada, voy a hacer algo que siempre he censurado, así que con mi suciedad ya es suficiente.

A pesar de todo no te guardo rencor. Siempre he pensado que no se puede exigir de las personas más de lo que son capaces de dar... y tú me lo has dado con creces.

Te deseo que seas feliz, a tu forma,naturalmente, de otro modo no lo serías.

Espero que con esta carta te sientas exento de cualquier culpa que pueda rondarte por mi final, sobre todo. No quisiera que después de haber sacado tan poco de mí, encima tuvieras que cargar con nada más.

Adiós.

María"

[...]

- Qué día tan gris -se dijo Ana al despertar; tengo que acercarme hasta la casa de María, hoy habíamos quedado para tomar café.

Mientras preparaba la ropa encendió mecánicamente el móvil, como todos los días, y como siempre después de pasar la noche con él apagado. Lo dejó en la mesilla y se fue a duchar. No oyó el sonido de mensaje entrante.

Pensaba en todo lo que aún le quedaba por hacer y se decía que mejor se olvidaba, no antes del café con María.

Vestida ya, comprobó el móvil. Un mensaje.

"No vengas sola a casa. Llama a la policía y que sean ellos quienes me encuentren. Perdóname por esto. Te quiero."

[...]

La encontraron tumbada en la cama con un libro en las manos. Ana no quiso verla, se sentía enfadada, dolida, abandonada y tremendamente sola.

Cuando se llevaron su cuerpo para hacer la autopsia, entró en la habitación y vio el libro sobre la cama. Sabía qué libro era, y quién se lo regaló.

Lloró desconsoladamente, sentada en la cama que aún guardaba el olor de su amiga, abrazada al libro que fue lo último que sus manos tocaron.

No sabía cuánto tiempo había pasado. Se levantó y al ir a dejar el libro sobre la mesilla un papel cayó al suelo. Era el resultado de las pruebas que habían hecho a María. Leyó deprisa y se paró en un "... biopsia ha dado negativa"

Ana no dejaba de escuchar la voz de su amiga cuando le dijo que la muerte podía ser su elección...

Elu

martes, 11 de mayo de 2010

Tiempo




Tres segundos para perder, toda una vida para olvidar...

Y, mientras, nos empeñamos en malgastar, en... matar el tiempo, ese mismo que un día se nos acabará.

18 segundos para pensar que hoy puede ser un día diferente...

Elu


lunes, 10 de mayo de 2010

¡Sorpresa!: Ya soy adulta




No, no es que me haya vuelto loca (ya lo estaba), es que he decidido cambiar la configuración del blog a Adultos, y os voy a contar el porqué.

Ayer visité mi otro lugar, mi Espacio. Los que tenéis uno sabréis que hay una posibilidad que son las estadísticas desde donde se ve, por ejemplo, desde qué buscador entran a leerte.

Pues bien, ayer descubrí que habían llegado hasta mí con Google. Nada raro, ya sé... lo que me dejó algo menos que estupefacta, anonadada, asustada y demás sensaciones que no vienen al caso, es que me encontraron con esta frase:

"Relatos porno+infantil"

Vamos vamos... ya os imaginaréis mi sorpresa. Llegaron, de ese modo, a un relato que algunos ya conoceréis y que había pensado poner un día de estos aquí... Así que, curándome en salud y ejerciendo de madre responsable, he decidido que ya soy Adulta.

Bueno, pues ya sabéis el porqué de la advertencia cuando intentéis entrar.

Hay que ver... lo que tiene que hacer una para aclarar que ya no es una niña.

Elu

domingo, 9 de mayo de 2010

Querencia





Una semana antes...

" ¿Cuánto hace que no te veo? ¿Cuánto que no sonrío? Me miro al espejo en penumbra para no ver tus huellas en mis ojos; camino con las manos en los bolsillos acariciando mi palma con el pulgar... como lo hacías tú en aquel tiempo en que la luz era más brillante y la música más alegre.

Siento el vacío de tu indiferencia, máscara que has optado por llevar desde el día en que decidiste que todo había terminado. Pero lo que no sabes es que sé que estás con ella...

Lo descubrí de la forma más tonta, cosas que tiene la red... Te agregó el mismo día en que tú me contabas que no podías soportar más tiempo sin mí y que, dadas las circunstancias, las nuestras, era mejor acabar que alargar lo que para ti era un suplicio. "Estoy muy mal -me dijiste, voy a dejar todo esto un tiempo, no me busques, es lo mejor para los dos"

Y a ella le decías lo feliz que eras habiéndola reencontrado...

Intento odiarte y no puedo... Busco mil excusas por ti, justifico tus mentiras con el dolor que te producía la imposibilidad de un futuro cercano juntos.

Pero no me miro al espejo para no verme la cara de patética enamorada.

Esta mañana me han llamado de mi ciudad. Era Jose, mi eterno enamorado. Me pedía que fuera unos días, que me echaba mucho de menos, que intentara un viaje lo antes posible... He mirado el libro que me regalaste, aquel en que me dedicabas un "te quiero" que ha sido siempre mi ancla en la tempestad de acontecimientos. Junto a tus palabras guardé un poema de Pedro Salinas

La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes
es el silencio. Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.
Jamás palabras, abrazos,
me dirán que tú existías,
que me quisiste: Jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
tú, no.
Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.
Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.

Querencia de ti...

Me pregunto por qué no voy a ser como tú, por qué no dejarme querer y ver si este vacío que me dejaste desaparece con otras caricias que no sean las tuyas. Si el silencio en el que quedaron mis oídos huérfanos de tus palabras no puede transformarse en alegre canto con otra voz...

¿Por qué no?

Dejaré de pensar en lo que siento por ti, te arrancaré de mi corazón. ¿No dicen que un clavo con otro se quita? ¿No afirman por activa y pasiva que el amor no existe, que todo son necesidades, egoísmos, intereses? Pues bien... prepararé el viaje y seré la más egoísta, la más interesada de todas las mujeres.

Voy a dejarme querer, a permitir que vuelvan a acariciarme, mimarme, halagarme. Para rechazo, mentiras y ruindades ya he tenido bastante contigo.

¿Qué más da si le quiero o no? ¿Qué más da ya nada?

Mañana será el primer día de mi nueva yo"

[...]

Presente...

Elisa llegó con retraso. Durante el viaje procuró no pensar en nada que no fuera su amigo Jose. Se puso los cascos, escuchó la música que tenían en común, recordó momentos vividos a su lado, su ternura, sus regalos. Cuando estaba llegando a la estación se dio cuenta que llevaba puesta una pulsera que no debía estar ahí, regalo de Marcos....

Marcos... el hombre al que amaba sin poder evitarlo.

- Basta ya -se dijo; él está con otra, me dejó, no importan los motivos, sólo los actos.

Jose le recibió con una rosa y un abrazo sin control que estuvo a punto de producirle un desmayo. Pero no de emoción precisamente.

Metieron el equipaje en el maletero y ante la insistencia del hombre, fueron a comer.

- Estás muy pálida, seguro que hoy no has comido aún nada. Así que deja que te cuide. Te invito a comer.

Jose siempre era espléndido con ella. Reservó mesa en uno de los mejores restaurantes, con vistas al mar. Era evidente que conocía sus gustos aunque ignoraba lo más importante: la existencia de sus sentimientos hacia Marcos.

Pasaron una tarde en calma, poniéndose al corriente de mil detalles y anécdotas. Hacía ya casi un año que no se veían, así que tuvieron para horas.

Estaba ya anocheciendo y Elisa, aún, no había ido al hotel. Intentaba alargar el momento, por más que se decía que debía estar relajada, que Jose era maravilloso, su corazón se negaba a permitir ningún acercamiento. Ese no hubiera sido el problema si no fuera porque su piel rechazaba todo contacto con la del hombre.

- Recuerda, Elisa -se decía constantemente. Marcos está con ella, es ella quien le besa, es a ella a quien abraza. Deja ya de querer un imposible y da una oportunidad a quien lo merece.

Y se la dio...

Mientras Jose le susurraba palabras de amor no era su voz la que escuchaba, ni eran sus caricias las que deseaba, ni sus labios eran los adecuados para recorrer cada centímetro de su piel. No era su olor el que la excitaba, ni era él quien le atraía hasta ese lugar donde el tiempo se para, donde los sentidos se agudizan y te sientes morir y vivir...

No era él...

Mientras sentía el peso de otro cuerpo... ella inclinó la cabeza hacia un lado evitando sus besos...

... y brotaron lágrimas de sus ojos. En ninguna se reflejaba el rostro que quería.

Elu

sábado, 8 de mayo de 2010

Los domingos toca partido






Hace unos años escribí una serie de relatos en compañía del que era mi pareja, con un seudónimo que despertó sentimientos dispares. Basados en hechos más o menos reales y fruto, sobre todo, de la observación... tanto de este mundo de la red, como del "real". Los que me habéis leído ya en otros lugares reconoceréis alguno de ellos. Cuando él murió quedaron muchos bocetos que con el tiempo he ido terminando. He decidido ir poniéndolos aquí.


Que cada uno lo tome como quiera: realidad, parodia...


Hoy pongo uno en concreto porque alguien muy querido para mí así me lo ha pedido... y yo procuro no negarle nada (que lo sepas)


Espero que los disfrutéis.


Tengo cuarenta y cuatro años, una esposa, un hijo, una casa magnífica, un buen trabajo, salud y una amante ocasional. Me considero un hombre feliz.

Cada domingo por la tarde, viendo el partido que toca con el amigo de turno, me paro a organizar lo que va a ser mi semana. En ese momento la televisión me proporciona la excusa para evadirme y hacer un escueto balance, pero también una pequeña planificación de los siguientes días.

Ahora estoy viendo el Real Madrid contra el Sevilla y Jesús, el marido de una amiga de Ana, mi mujer, va por la cuarta cerveza y el tercer paquetito de cacahuetes; además, no deja de ir al baño cada diez minutos, todo normal. En una de sus ausencias he mandado un sms a Loli.

“No te puedo apartar de mi mente -le he dicho-, te necesitaría ahora. Te llamo mañana”.

No había pensado en absoluto en ella desde el jueves que la vi por última vez. Seguro que habrá estado todo el día pendiente de alguna noticia mía, ahora se quedará contenta y se irá a la cama con algún sueño añadido a su cuenta de deseos frustrados.

A Loli la conocí un día que vino a mi oficina a intentar venderme un seguro odontológico. Me gustó y le di pié a que volviera un par de veces más, a la tercera le sugerí que quedáramos a tomar algo para terminar de discutir el asunto. Ella no era ni guapa ni fea, sino todo lo contrario, pero era, en definitiva, una mujer y por primera vez en mucho tiempo descubrí que aún podía ser atractivo para el sexo opuesto. Al principio llegué a plantearme, incluso, una separación, pero fue sólo una necesidad causada por la obnubilación pasajera de la novedad. Ella habría dado el paso inmediatamente y así se lo llegó a comunicar, solemnemente, a sus dos hijos.

Lo pasé mal entonces, me di cuenta que había llegado demasiado lejos y que lo que Loli podía darme me lo había ofrecido con creces. Mi vida, mi posición y mi entorno era una base construida a fuerza de años, no iba a jugar con fuego por un devaneo del ego para arrepentirme luego. No valía la pena. La relación, en su justa medida, seguía cumpliendo una función importante de recreo en mi vida. Los encuentros clandestinos, las sesiones de sexo en aquel sofá, los magreos en el coche si no podían ser en otro lugar, hacían que por mis venas volviera a correr la sangre caliente del deseo carnal, aquel que ya ni recordaba, que no tenía y que ni imaginaba podía existir aún dentro de mí. No quería perder eso.

En los dos últimos encuentros, Loli había estado llorando. Me recordó que le había prometido hablar con mi mujer después de las vacaciones de verano que habían acabado hacía un mes. Pero la conversación no había existido ni por asomo… Con ella mentir era un juego de niños, necesitaba una pequeña esperanza y tragaba con la más nimia promesa que le hacía. Ambos sabíamos que nunca eran ciertas, que yo no iba a cambiar ni un ápice mi vida, y menos por ella, que lo que deseaba para mí ya lo tenía hacía tiempo, pero seguíamos engañándonos, era lo más fácil. Nunca he sido valiente, ni dado a actos subliminales. Soy un hombre corriente.

Es increíble la falta de afecto que denota esta mujer. Con cualquier arrumaco menor obtiene su dosis de satisfacción compensatoria y almacenable en su despensa que raciona durante días hasta recibir la siguiente. Todo implica un coste bajo, casi nulo para mí, frente a lo que obtengo a cambio.

Ana acaba de entrar un momento en el salón, se ha llevado unas cuantas botellas vacías y ha cambiado los ceniceros. Al acercarse le he dicho en voz baja lo pesado que se pone Jesús cuando se pasa con la bebida y que otro día se ahorrara el invitarlo. Me ha sonreído, debe estar pensando lo bueno y paciente que soy. En el fondo me quiere, y yo a ella, nada que ver con lo que siento por Loli, a Ana la veo como si fuera mi hermana y el sexo con ella, por consiguiente, lo considero como una práctica incestuosa que evito con más que menos fortuna; al margen de eso, en la convivencia cumple su parte del trato sin más estridencias.

Intermedio en el partido y respuesta al móvil que avisa con una señal casi imperceptible: “Voy en coche con una amiga. Llegaré pronto a tu casa”

¡Joder! su amiga, la lesbiana, le ha vuelto a sonsacar y le ha convencido para que me arme un escándalo. Jesús está en el lavabo y tengo poco tiempo para pensar. Israel, mi hijo, no volverá hasta pasadas las once; Ana está viendo un video en la habitación, así que he de tramar algo deprisa. En estos casos lo más importante es la serenidad.

“¡Lo tengo!” Salgo rápidamente a la escalera, desconecto el automático y dejo la casa sin luz. Momentos de confusión. Ana y Jesús que dicen que también es mala suerte y demás comentarios. Hago que llamo por teléfono y les digo que los llevo a dar una vuelta y así nos acercamos a la cafetería nueva donde me tomo el café antes de ir a trabajar, para tomarnos algo y terminar de ver el partido.

- La compañía eléctrica me ha dicho que es una avería en un transformador, que tienen, al menos, para dos horas.

Los bajo con prisas al parking con la excusa del comienzo de la segunda parte del partido. Al salir, casi me cruzo con el coche del que salían Loli y la perversa de su amiga Puri, ambas con cara de pocos amigos. Pero no me ven. Cuando me alejo observo por el retrovisor la insistencia con la que tocan al portero automático.

Me ha salvado la campana, pero es la última vez, ¡lo juro!.

Ahora, en el bullicio de la cafetería, el corazón se ha desacelerado y puedo pensar con frialdad. Súbitamente siento odio por Loli, desearía estrangularla con mis propias manos, sacarle los ojos o, quizás, contarle la lengua a rodajas con un cuchillo sin afilar. Me asaltan ideas mezcladas con escalofríos: sexo con muerte, dolor con asco.

Mañana es lunes y ya no tengo nada que planificar, salvo una venganza o una dura lección. Pienso en los puntos débiles de las personas, todos los tenemos, y sólo hace falta dedicar un pequeño esfuerzo para descubrirlos. Para hacer verdadero daño, sólo hay que atacar a su raíz.

Loli siente verdadero terror a que su madre, una anciana a la que llegué a conocer con un pretexto e identidad falsa, llegue a saber algo de lo nuestro, porque es una persona de férreas creencias religiosas. Tardó años en separarse sólo por no tener que enfrentarse a ella. No soporta ni un solo reproche por su parte, la hunde y la rebaja. Su tremendo sentimiento de culpabilidad se debe a que su marido, por entonces, no la quería en casa y la tuvo que llevar a una residencia de ancianos. Al separarse se la quiso llevar con ella, pero se negó alegando que ya llevaba seis años en ese infierno y que prefería morir allí, así le devolvería, al menos, parte del sufrimiento que le había dado al meterla en aquel antro. De esa manera recibía una compensación mayor, porque sabía que, aún después de su muerte, el dolor y la culpa le seguirían persiguiendo durante el resto de su vida.

Acaba el partido y hago cálculos. Con la excusa de ir al lavabo llamo desde el teléfono público a Loli. Está en casa, cuelgo, sé que ya no hay peligro. Seguramente estará arrepentida, pero no pienso correr ni un riesgo más. Entro al baño, me mojo la cara y, mientras me la seco, compruebo en el espejo mi expresión. “Acabas de pasar un buen susto, chaval” Respiro hondo y escribo un nuevo sms: “Loli no quiero verte nunca más. Si recibo una sola noticia tuya le cuento a tu madre lo bien que follas”

Dejamos a Jesús en su casa, va tambaleándose y diciendo sandeces, pero mi mujer le sigue la corriente. Mañana le pasará el informe a su amiga que, probablemente, le habrá endosado a su marido para hacer vete a saber qué, tranquilamente, esta tarde.

Ya llegamos y subiendo por la escalera, Ana me comenta que no entiende por qué hay luz y en nuestra casa no. Mientras entra para buscar una vela yo me retraso y vuelvo a conectar el automático.

- ¿Ves? ahora ya tenemos luz- le digo.

Ya podemos cenar algo ligero y ver juntos la televisión, como todos los domingos.

Oigo a Israel que llega y se mete en su habitación sin decir ni pio, nada nuevo.

Me quedo solo un momento y busco el móvil, estoy seguro que tengo contestación.

“Eres un cerdo, te odio, ojalá te mueras. Adiós para siempre”

A veces un cigarrillo sabe mejor que nunca…

… como el que me estoy acabando de fumar ahora.

Elu


viernes, 7 de mayo de 2010

Y se quedaron allí...





Hoy hace cuatro meses que me alejé sin mirar atrás por aquella estación que no puedo olvidar...

Allí se quedaron los besos y la ilusión de un pronto encuentro.


Cómo iba a pensar que aquella ternura, el dolor de la separación, mi mirada apremiante, tu "querer mantener el tipo" era la última escena de nuestra historia.


Cada mañana desde aquel día me miro al espejo y rozo mis labios, esos labios que ya no tiemblan con tus besos, que no sienten un cuerpo vibrar bajo su suave caricia... Me miro y me digo que puedo vivir sin ellos, porque ya no me pertenecen.


Cada nuevo día me obligo a levantar este cuerpo que ya no siente, cuya piel ya no se funde con otra en una danza acompasada... Cada día siento que se me va la vida.


Hoy hace cuatro meses que mi último beso de amor quedó en las huellas de cada pisada que me alejaba de ti. Y aquel "nos veremos pronto" y los "te quiero" se difuminaron con cada segundo en que no pude mirarte, porque me dolía tanto...tanto, mi amor, que me sentía morir y no quería que me vieras así.


Cómo iba a pensar que sería la última vez...


Hoy hace cuatro meses que sobrevivo.


Elu